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La nueva “campaña al desierto”: La crisis de la cosmovisión mapuche.

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La nueva “campaña al desierto”: La crisis de la cosmovisión mapuche.

Mensaje por shinta el 19/04/10, 06:35 pm

La nueva “campaña al desierto”:
La crisis de la cosmovisión mapuche.
Pablo Matías Di Gregorio
I.S.F.A Manuel Belgrano
1ro 4ta T.N.


Resumen



Quiero destacar en este trabajo el hecho de que el modo de conquista durante el periodo post-colonial y en la actualidad, no ha cambiado mucho. Es decir que a este pueblo originario, el mapuche, si no lo pudieron dominar por la fuerza, lo intentaran por medio de argumentos “republicanos” (la creación de reservas) o por medio de la evangelización al mejor estilo de misión jesuítica; estos sucesos que acontecieron y siguen en el proceso de desarraigo que está sufriendo esta cultura, tienen por detrás intereses políticos y económicos sobre los recursos que existen en aquellas tierras.

Para ello en un principio quiero remarcar, para luego describir, los protagonistas en este intento de “integración” de los Mapuches: primero, los mismos Mapuches, sin ánimos de victimizarlos, como los “conquistados”; segundo, a las diferentes religiones (católicos, evangelistas) que con la excusa de integridad y comprensión, son el mecanismo de dominación en el que se apoya esta “nueva conquista”; tercero y último, al Estado Nacional, que hasta ahora no sabría si acusarlo de cómplice o principal perpetrador de este desarraigo por medio de apropiaciones “legales”.



1. Introducción



De las culturas aborígenes de la Argentina, la mapuche, es una de las pocas que logró persistir durante el proceso que llevó a la creación de este país. Entre ellas también encontramos a los Tobas, Pilagás, Mocovíes, Diaguito-Calchaquíes, Wichi, Mbya-Guaraní, Kollas, Chiriguanos-Chané, entre otras; todas subsisten marginalmente al borde de ser extintas como culturas en sí, para solo quedar aglomeradas en pequeñas comunidades, algunas de ellas actualmente “son solo paquetes de turismo” despojadas en reservas, o sus nuevos habitantes migran hacia el centro del país en busca de nuevas oportunidades, amoldándose al muy diferente estilo de vida occidental americano. En el caso de los mapuches, que intentaron defender sus tierras con sudor y sangre durante la conquista del desierto, hoy se encuentran en una contradictoria crisis en lo referente a su identidad cultural por la influencia de diferentes religiones de origen judeo-cristianas y al destierro que sufrieron durante estos dos últimos siglos.



2. Los Mapuches



Los Mapuches (“gente de la tierra”) son un pueblo originario del sur de Chile, donde según algunos antropólogos demuestran su presencia en el siglo XI, de allí comenzaron a ocupar paulatinamente la Patagonia y la Pampa durante el periodo colonial. Unificados bajo el nombre “mapuche” se registró durante la historia diferentes comunidades bajo diferentes gentilicios: ranqueles, araucanos, vorogas, picunches, huilliches, pehuenches, pampas y moluches; los pampas fueron los que más influencia española recibieron; previamente, los araucanos del norte fueron en su mayor parte conquistados por los Incas y se los denominaban “picunches”, a diferencia de los del sur a los que se les llamaba “huilliches”; los Chilenos del centro, “moluches”; todos ellos hablaban la misma lengua con algunas variantes en sus dialectos.

Todos ellos se dedicaban a la agricultura, la pesca y la caza. La sociedad estaba dividida en clanes llamados “rehue”. Las familias eran poligámicas dependiendo de las riquezas que poseían, por ejemplo los caciques poseían hasta 10 y 20 mujeres, los hombres se reunían en sociedades secretas con nombres totémicos relacionados comúnmente con animales. Algunas de estas costumbres siguen vigentes.

La religión de la cultura mapuche está fuertemente ligada al amor por la tierra y es de carácter cósmico, animista y chamanista. En su cosmovisión, fueron concebidos por una pareja originaria denominada “nguenechen”, que conforman una familia de divinidades supremas: Padre, Madre, Hijo e Hija. Serviciales a estos figuran otros dioses, que por lo general son representaciones de fenómenos naturales tales como la lluvia, el sismo, el rayo, etc. También tienen representaciones de lo perverso, lo maligno y lo diabólico, sin identificarse con el diablo cristiano: es una influencia maligna capaz de provocar las pestes, epidemias y otras desgracias, denominado “wecufu”. En todas las ceremonias religiosas era fundamental la intervención de los “machi” (chamanes) o las “machi” que eran más frecuentes. Una de las principales ceremonias es la del “nguillatún” donde las plegarias se dirigen a los seres supremos del mito de “nguenechen”. Si bien en esta ceremonia dirigen sus plegarias a la pareja originaria, el etnógrafo y antropólogo Alfred Metraux afirma que los mapuches, además, rinden culto a un ser supremo que es consecuencia de la influencia cristiana y que la ceremonia del “nguillatún” pasó a ser la única fiesta pagana que respeta sus antiguas creencias.



3. La influencia de la Iglesia.



La religión católica y varias sectas evangélicas de origen anglosajón, que accionando sus falsos valores puritanos aprovechan el estado de indefensión de los indígenas creando fanatismos apocalípticos , en concordancia para alejarlos de sus comunidades y de sus culturas, contribuyen a la discriminación al tratar de imponerles sus creencias sin respetar sus valores culturales y costumbres religiosas. Quiero resaltar sobre estas sectas al la que más influencia ha tenido durante estas últimas tres décadas sobre Latinoamérica: “variante del evangelismo o protestantismo anglosajón, el culto pentecostés que ha sido una nefasta influencia en las diferentes comunidades aborígenes. Las sectas pentecostales del sur de Argentina proceden de Chile pero su origen es sajón. Este culto hace hincapié en los ritos de exorcismo, la expulsión de los demonios y en el predominio del espíritu santo, conlleva un carácter apocalíptico. Su gran difusión se debe a que los pastores utilizan supersticiones y el miedo a las hechicerías que ya existían en las primitivas ceremonias religiosas mapuches, para sus fines.”Una de las hechicerías de la cultura mapuche es la ceremonia del “machitun” que, la cual, por medio de las propiedades medicinales de algunas hierbas y los poderes de curación de las “machi” se emplea en la sanación de enfermedades, que para los mapuches son de origen diabólico. Este ritual, semejante al exorcismo de los evangelistas, es una de las principales armas que los pastores utilizan para incrementar sus influencias en las comunidades aborígenes, otorgándoles a los caciques, chamanes y “machis” “poderes”, convirtiéndolos en pastores de culto de menor rango: “Se hacen reuniones semanales, se lee la biblia, se practican confesiones públicas que suelen terminar en llantos y conversiones histéricas. […] Todos entran en trance, se sienten poseídos por los demonios pero se calman con el rito de imposición de manos sobre la cabeza del enfermo (entre otras cosas). La función finaliza con una colecta (¿ a beneficio del pastor?).”[1] Esta moral puritana, que esta siendo impuesta por los pentecostales a las comunidades aborígenes mapuches con la excusa de salvar sus almas, nada tiene que ver con los ritos ancestrales, ni con la cultura indígena, ya que su influencia es de carácter combativo para con las creencias y costumbres mapuches: su lenguaje, costumbres sexuales, danzas tradicionales y mitos son modificados en relación a las conveniencias del pastor y su secta. No se trata de prácticas integracionistas sino asimilistas.



4. El Estado, la guerra y los derechos



En el marco histórico los intentos de apropiación de tierras de los indígenas fueron, a través de estos dos últimos siglos, llevados por distintos medios. Fue a mediados del siglo XIX que las zonas limítrofes con los aborígenes entraron en conflicto; en respuesta al progresivo avance del hombre blanco y a las tentativas de unificación, los nativos del sur comenzaron acciones defensivas, como fue el ataque del cacique Calfucurá a Bahía Blanca durante el gobierno de Rosas. Luego del ataque del malón del cacique, en 1852, Bartolomé Mitre redactó en el diario Los Debates (fundado por él): “hoy nos hallamos en peor estado que el primer día en que emprendimos nuestra cruzada contra los salvajes” y añadió que con los indios “las misiones apostólicas son ineficaces. Jamás el corazón del pampa se ha ablandado con el agua del bautismo, […] el argumento acerado de la espada tiene mas fuerza para ellos y este se ha de emplear, al fin, para exterminarlos o arrinconarlos en el desierto”. Tras la muerte de Alsina, el general Julio A. Roca tomo su cargo en el Ministerio de Guerra, quien decide exterminar a los araucanos para siempre. En una carta redactada por el presidente Avellaneda al Congreso, pidiendo fondos para llevar a la práctica estos propósitos, según la ley de 1867, que ordenaba el traslado de las fronteras hacia los ríos Negro y Neuquén, procura que: “Es necesario ir directamente a buscar al indio en su guarida para someterlo o expulsarlo ya que nos impide definitivamente en nombre de la ley, del progreso y de nuestra propia seguridad, los territorios más ricos y más fértiles de la republica”.

Así fue como algunos de nuestros “próceres” mataron, robaron y prácticamente aniquilaron a los verdaderos dueños de aquellas tierras. Fueron las expediciones de “la conquista del desierto” las que llevaron a los mapuches a sufrir las privaciones y despojos que los han reducido a la miseria: “Destruidas sus expresiones culturales, desposeídos de sus tierras, sobreviven al trabajo agotador en las estancias de poderosos Terratenientes…”2 (nota al pie de la pag. siguiente)

Como es visto por Michael Foucault, el dominio toma carácter legal, pero es en este caso en el que el mecanismo de poder que se ejerce es predatorio y materialista al ser

llevado con violencia; ya que los intentos previos, con la biblia en mano como herramienta de sujeción, fueron fútiles; y detrás de la intención de hegemonizar el

poder dentro de un unificado territorio nacional y tomar las tierras para así enriquecer al país y a los aliados latifundistas de Roca, se encontraba la intención de apartar al aborigen de sus tierras hacia otras donde sus características bárbaras no interfieran a la del resto de la sociedad civilizada. ¿Qué hay de civilizado en este accionar? No es tan diferente del de las batallas de sublevación que ocurrían en la Edad Media o en la antigüedad entre diferentes imperios, no solo en los medios sino, también, en los fines.

Para algunos blancos, los aborígenes nativos, son una raza inferior (es común, aún hoy, oír hablar de ellos como de seres perezosos, vagos y sucios). Y es esta mentalidad racista la que ha convertido a muchas culturas americanas, tal es el caso de los mapuches, en víctimas de una derrota histórica que los está llevando a una paulatina extinción de sus valores culturales, a la desesperanza y al sufrimiento.

En el artículo 14 de la Constitución Nacional Argentina dice que “todos los habitantes de la nación gozan de los siguientes derechos […] de profesar libremente su culto…” y al mismo tiempo el inciso 17 del articulo 75 de la misma nos expresa: “Reconocer la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos. Garantizar el respeto a su identidad y el derecho a una educación bilingüe e intercultural; reconocer la personería jurídica de sus comunidades, y la posesión y propiedad comunitarias de las tierras que tradicionalmente ocupan; y regular la entrega de otras aptas y suficientes para el desarrollo humano; ninguna de ellas será enajenable, transmisible, ni susceptible de gravámenes o embargos. Asegurar su participación en la gestión referida a sus recursos naturales y a los demás intereses que los afectan. Las provincias pueden ejercer concurrentemente estas atribuciones.”.

Si bien no encontramos contradicción entre ambos artículos, si la encontramos con la contrastante realidad actual de las comunidades mapuches. Las comunidades de las reservas, en tierras que les fueron otorgadas por los gobiernos provinciales y nacionales, intentan retornar a la agricultura para sobrevivir, pero los terrenos, a pesar de ser 10000





2 Dra. Zucarelli Carmen, Diccionario Mapuche-Español Español-Mapuche “Los mapuches hoy” Buenos Aires, Ediciones Caleuche, 1999, pág. 217.

hectáreas, no son aptos para estas prácticas; en su mayoría comprenden zonas infértiles de montaña o al pie de las mismas, las cuales son azotadas por las inclemencias climáticas de las nevadas. Solo se consiguió obligar al grupo a vivir en tierras ineptas, desérticas, sin la preparación ni la orientación para ello, sin sistema de riego y sin forraje para los animales. Muchas otras de estas reservas ocupan parte de la jurisdicción del parque Lanín, lo cual les impone prohibiciones y amenazas de expulsión. Parques Nacionales se ocupa de proteger la flora y la fauna de estas regiones, pero no se interesa en absoluto por la supervivencia de quienes vivieron y preservaron libremente durante siglos esos mismos lugares.



5. Conclusión



Los grandes grupos económicos, que construyen este modelo de mundo donde los pueblos originarios sólo caben como sociedades vacías de historia y contenido ideológico, usan de arma, como lo fue la biblia o el fusil, los distintos pactos, acuerdos y convenios internacionales, y tienen como objetivo el apropiarse de los recursos de las tierras que pertenecían al originario pueblo mapuche. Muchos de ellos son de origen extranjero, son los que tienen la capacidad de explotar al máximo los recursos naturales con altas tecnologías, a través de instrumentos internacionales y sus ejes que son las relaciones económicas. Esta es la nueva “Campaña al Desierto” en la que se apaciguan las dolencias y la rabia de un pueblo desterrado con el opio de una religión sectaria, y que se cree que con ella de por medio se puede justificar la opresión, la explotación y la usurpación de tierras.

Es irónico que un pueblo como el mapuche, que ideológicamente muestra integración e interdependencia con su mundo natural sea expulsado y desarraigado para la explotación y destrucción de su medio; “la tierra no nos pertenece, nosotros pertenecemos a la tierra” (fragmento de una rogativa mapuche)

Toda la tierra es una sola alma
(Canción del cacique Abel Kurüuimka, San Martín de los Andes, Neuquen)

Toda la tierra es una sola alma
somos partes de ella.
No podrán morir nuestras almas
Cambiar si que pueden
pero no apagarse
Una sola alma somos
como hay un solo mundo.





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